GUÍAS excursiones: Zoé, Sara, Kímon

 

Mónica en el Museo de Micenas atendiendo las explicaciones de Zoe nuestra guía en la excursión a Corinto, Micenas y Epidauro. (Foto: JCGP, 10/09/22).

Nuestros guías turísticos: Zoé, Sara y Kimon


En cada excursión que hicimos fuera de Atenas, tuvimos unas guías que nos enseñaron lo más destacado de cada sitio. Zoé en Corinto, Micenas y Epidauro; Kimon en la excursión a Delfos y Sara en la excursión a Meteora.

Zoé, nuestra guía en Corinto, Micenas y Epidauro.

En la excursión de Corinto, Micenas y Epidauro nuestra guía fue Zoé, una señora ya mayor muy instruida y con una enorme pasión por la cultura helénica y la historia de Grecia. Tan pronto nos hablaba de Mitología, como del paso de la cultura del bronce a la del hierro, las luchas entre espartanos y atenienses, la celebración de la Maratón de Atenas evocando el itinerario original desde el campo de batalla de Maratón hasta el estadio Panatenaico,  la pugna entre los ricos armadores griegos por ser el que más dinero dona al Estado, o nos mostraba su admiración por la diva Maria Callas dando un recital en el teatro de Epidauro.


Zoe, de frente al grupo, explicando las características del Teatro de Epidauro bajo la sombra de un árbol.
(Foto: JCGP, 10/09/22).


En el museo de Micenas nos enseñó la copia de la máscara funeraria de oro del Tesoro de Atreo (la original está en el Museo Arqueológico de Atenas) explicándonos cómo fue descubierta por el alemán Heinrich Schliemann en Micenas en 1874 atribuyéndola erróneamente a Agamenón: "He mirado a la cara a Agamenón". Años más tarde se descubrió que la máscara databa 300 años antes de la existencia de Agamenón. "No es de extrañar que el alemán confundiera ese bello perfil con el del legendario rey, pues los griegos son muy guapos", nos decía Zoé.

En Epidauro, bajo la sombra de un árbol nos dio una interesante charla sobre los orígenes del Teatro Griego y todo cuanto le rodeaba: los actores, el uso de las máscaras para caracterizar a los personajes  o los coros de cantantes y bailarines que animaban la función. Zoé nos contó que en este Teatro de Epidauro, se celebra todos los veranos, de junio a septiembre,y siempre con el aforo completo, el Festival de Epidauro de teatro clásico al aire libre al ella no suele faltar ningún año y del que siempre sale como renovada  y con la ilusión de asistir al año siguiente. 


Kimon, nuestro guía griego mostrándonos unos gráficos de cómo era el sitio de Delfos en la antigüedad.
(Foto: JCGP, 14/09/22)


Kimon, nuestro guía en Delfos

Kimon, el guía que tuvimos en la excursión a Delfos, parecía un joven profesor, larguirucho, con barba y sombrero de paja. Lo primero que nos contó fue que antes de ser guía turístico ejerció unos años como arquitecto hasta que descubrió que su verdadera pasión era la de guía, para dar a conocer el rico legado cultural de su país. Kimon, que tenía una voz cautivadora, nos fue relatando acontecimientos históricos, y describiendo grandiosas ciudades de las que apenas hoy quedan unas pocas ruinas o que perdieron su glorioso esplendor y quedaron convertidas en pequeñas poblaciones olvidadas en el tiempo, como Tebas por la que pasamos muy cerca. De vez en cuando Kimon dejaba sus académicas explicaciones para leernos con su voz pausada trozos escogidos de obras clásicas griegas.

El oráculo de Delfos.

Una de las disertaciones mas interesantes que nos hizo Kimon fue la del famoso Oráculo de Delfos. Según nos contó, eran muchos los que acudían a este lugar para consultar al dios Apolo sobre sus vidas y futuros aconteceres. Pero no todo el mundo tenía acceso al lugar ya que, aparte de que se necesitaba mantener una estancia que en algunos casos podía llegar a ser de hasta un mes, había que pagar una tasa que no estaba al alcance de todos pues podía suponer el sueldo de dos  otros meses de trabajo. El rito incluía además el sacrificio de un animal, por lo que solo los más pudientes podían permitirse acudír al lugar. A través del oráculo de Delfos, los adoradores podían oír las palabras del dios Apolo en boca de una sacerdotisa conocida como "la pitia" que contestaba en trance. Previamente, durante varios días, los sacerdotes interrogaban al interesado sobre diversos aspectos de su vida como la ciudad de la que procedía, los amigos o el trabajo, con el fin de sacar la máxima información con la que trabajar. La clave estaba en saber preguntar, nos decía Kimon, ya que el oráculo no era un adivino, no preveía el futuro, sino que daba distintas opciones a elegir. Después de esta disertación me vino a la mente que bien podría tener su origen en estas prácticas la teoría del psicoanálisis que siglos más tarde desarrolló Sigmund Freud. 


Kimon, con mascarilla y camisa azul, enseñando al grupo la obra maestra del Museo de Delfos: el Auriga de bronce, estatua encargada por un tirano siciliano llamado Polyzalos para conmemorar una victoria en la carrera de cuadrigas de los Juegos Piticos del 478 a.C. (Foto: JCGP, 14/09/22).

La música en la Antigua Grecia.

A la vuelta de nuestra excursión a Delfos Kimon nos habló de la importancia que tuvo la música en la Antigua Grecia. La música era considerada también como un arte. Los músicos tocaban en las celebraciones en honor a Orfeo o Dionisos, en los funerales y en el teatro. La música también servía para dar a conocer los poemas épicos a través de las baladas. Uno de los instrumentos más genuinos era el "Aulós", un instrumento de viento que también era conocido como "kalamos" o "libykos lotos", en referencia al material con que estaba hecho: la caña de la planta de loto libia. Era como una doble flauta. Para hacernos una idea de cómo sonaban esos instrumentos en aquellos lejanos tiempos y en aquellos anfiteatros donde el pueblo acudía a divertirse Kimon  nos puso una grabación de un concierto de duo de flauta y voz que nos relajó durante un rato nuestro viaje de vuelta a Atenas (ver video de Youtube la entrada "Así sonaba la música en la Antigua Grecia").

La única pega que vi en esta excursión es que no paramos un momento para poder ver el "Tholos del santuario de Atenea", de planta circular, que estaba a muy poca distancia del recinto sagrado de Delfos y por el que pasamos en autobús pudiéndolo contemplar solo de lejos en una ladera de la carretera de vuelta.


Sara, a la derecha sentada sobre un murete de piedra, explicando cómo vivían los primeros monjes en las cuevas de las torres de caliza de Meteora (Foto: JCGP, 11/09/22).

Sara, nuestra guía en Meteora

Quizás fue Sara, la guía que nos esperaba con el microbús en el pueblo de Kalambaca, la que más nos impactó a todos. Sara, una chica joven y muy guapa, nos encandiló con su simpatía y forma de hablar, en un perfecto castellano. Había estado varias veces en España estudiando. Antes de dejarnos a los pies de los monasterios, hicimos una caminata desde el microbús durante la cual Sara nos fue explicando cómo fueron habitando la zona los primeros monjes que se instalaron en cuevas, hacia el año 985 y como años después, en 1382 se empezaron constituir las primeras comunidades monacales.  También nos habló de la forma de vida, trabajo y rezos de los monjes y monjas que  habitan los cinco monasterios que quedan, de los 24 que llegó a haber,  y las dificultades que tuvieron que superar para su construcción. Sara estuvo muy atenta en todo momento a cuantas preguntas se le hicieron y a hacernos fotos y nos ofreció su ayuda en caso necesario. Personalmente se declaró como ortodoxa en cuanto a sus creencias religiosas.


Sara en el centro del grupo a los pies de las torres nítrales de caliza de Meteora (Foto: JCGP,  11/09/22).


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